26 de junio de 2010

Una convocatoria literaria. "Este jueves un relato". Me acuerdo de tí cuando veo...

No me resulta posible destacar un objeto que me recuerde a ti de una manera especial. Estás presente en todas y cada una de las cosas, en todos y cada uno de los momentos, en el aire que respiro y en el espacio que ocupo. ¿Cómo podría ser de otra manera?.

Pudiera mencionar, tal vez, como exponente de tu enorme generosidad, el bolso de Valentino, excesivamente caro para tu condición de mileurista, que le regalaste a mamá en Reyes, días antes de que un accidente fatal te alejara de nosotros para siempre.

Mamá lo utiliza poco. Aunque al principio no había fuerza humana que la hiciera desprenderse de él. Ahora no. Ahora lo guarda como oro en paño, con un enorme celo y sólo lo utiliza en fechas muy especiales siempre relacionadas contigo. El aniversario de tu fallecimiento, el día de tu santo, el día de tu cumpleaños.

Son muchas las circunstancias que, como un cordón umbilical, me llevan continuamente a ti, pero hoy quiero quedarme solamente con algunos recuerdos que, a modo de pinceladas describan a la persona inteligente, generosa, soñadora y genial que siempre fuiste.

Destaco de ti, por encima de todo, tu enorme inteligencia. Viene a mi memoria la anécdota de un notable en Filosofía en aquella ocasión en que teniendo que hablar de Kant, sin haberlo estudiado en absoluto, acudiste a argumentar con tu fácil verbo, partiendo de tus conocimientos en geometría descriptiva. Al profesor (y me lo confesó más tarde), le convenció por completo tu capacidad para improvisar toda una argumentación filosófica a partir de una disciplina tan alejada de esta.

Inteligencia que te hacía igualmente ser ingenioso y muy agudo, dotándote de una mordacidad y acidez que, en algunas ocasiones eran motivo de malestar para los que éramos objeto de las mismas.

Continuamente añoro tu condición atlética. Te recuerdo mucho como base de un equipo de baloncesto, poniendo desde tus escasos 1,73 cm, tapones impresionantes a pivots cercanos a los dos metros de altura o asfixiando a tus contrincantes con una defensa tan férrea que en más de una ocasión abandonaban la cancha llorando de impotencia.

Una vez viniste a una jornada de senderismo a Sierra Nevada para subir al Trebenque.
Yo tenía ciertas dudas, pero se despejaron cuando te ví enfilar la cuerda de la montaña y sacarnos al que menos, una ventaja de veinte minutos, a pesar de que íbamos con un grupo de senderismo experimentado. Cuando llegamos a la cumbre, ya habías terminado de comer.

Tus amigos me contaron algunas anécdotas en torno a esa genialidad que todos admirábamos.

Dos de ellas tienen que ver con ocasiones en las que sufristeis el asalto de maleantes a altas horas de la madrugada.

En la primera ocasión, en presencia de tus amigos, asustados por tu osadía, retaste al atracador a una carrera hasta un punto alejado, a cambio de vuestras escasas pertenencias. Pudo costarte un serio disgusto, pero sólo te costó lo que llevabas, porque resultó que el atracador, acostumbrado a salir por pies en situaciones de emergencia, te ganó aunque por poco, la carrera.

La segunda tuvo como escenario el puente romano. Tuviste un rato detrás tuya a dos jovencitos montados en un vespino, empeñados en robarte. Al cabo de unas cuantas carreras, de unos cuantos quiebros y cambios de dirección, hastiados de perseguirte sin éxito, desistieron y desaparecieron para siempre.

Otras tienen que ver con tu puesto de trabajo como aquella ocasión en que recibiste una carta del Departamento de Personal de tu empresa, en relación con dos o tres días que llegaste algo tarde por haberte quedado dormido. Tenía tu carta justificativa tanta ironía, agradeciendo a la empresa el interés que mostraba por ti, mostrándote dispuesto incluso a comprar dos o  tres despertadores más, tanta mano izquierda, tanta guasa entre lineas, que tus compañeros te aconsejaron no enviarla y dudaban seriamente de que lo hicieras, pero lo hiciste y por suerte para ti, sin consecuencias.

Capítulo aparte merece tu forma de vestir. Por la mañana chaqueta y corbata, por imposiciones del guión. Por la tarde, vaqueros algo caidos, camisetas de todo tipo, zapatillas deportivas y muñequeras. También en eso eras transgresor. Burlonamente eras capaz de ponerte una camiseta con la hoz y el martillo, al tiempo que lucías una muñequera con los colores de la bandera republicana en una muñeca y en la otra muñeca una con los colores rojo y gualda. Era este capítulo, el de tu ropa, el único en que no eras generoso en absoluto. No consentías compartirlas con tus hermanos. Ahora estarás enrabietado, porque casi toda tu ropa ahora la lucen, no sólo tus hermanos sino también tus amigos.

Apasionado de los comic, de los juegos de rol, hasta el punto de montar con un amigo, persiguiendo vuestro sueño, una de las mejores tiendas que, en ese género, existen en Córdoba. También estás presente cuando veo las colecciones de Sandman, de Naruto, y de tantos personajes extraños para mí pero que formaban parte de tu mundo.

Estoy, estamos tan llenos de ti que no es fácil elegir solamente un detalle, un objeto, una circunstancia que al verla nos haga recordarte, porque no se puede recordar aquello que nunca se ha ido.

Creo necesario aclarar, que esta entrada está dedicada a mi hijo y no a ningún hermano. Al mencionar el bolso regalado a mamá, me refería a mi esposa de una forma cariñosa, pero soy consciente de que ha podido dar lugar a equívocos. Pido disculpas por ello. 

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16 de junio de 2010

Este jueves un relato. ¡Bichos!


No había sido un buen día. Mejor sería decir que había sido uno de los peores días de su vida. No necesitó el despertador para levantarse. Llevaba ya largo rato escuchando impotente una vez más, un día más, los gritos destemplados de su padre y el desconsolado llanto de su madre. No sabría decir con exactitud cuando comenzó a odiar a su padre. Tal vez desde la primera vez que apreciara un hematoma en el brazo de su madre, tal vez la primera vez que, sin motivo alguno, tuvo que sufrir en sus propias carnes la ira injustificada de este.

Mientras desayunaba, la televisión vomitaba en sus oidos, el desastre, la miseria, la guerra. Enfrentamientos étnicos entre kirguizos y uzbekos que estaba provocando la matanza y el éxodo de estos últimos, asesinato de familias enteras entre cárteles de la droga en Colombia, atentados terroristas, pueblos enteros muriéndose de hambre, cerradas a cal y canto sus fronteras por la cerrazón y la intolerancia, tráfico de seres humanos para la esclavitud como mercancía sexual o como mano de obra barata.

Su mal humor iba creciendo a medida que el día avanzaba. De camino al Instituto, en el autobús, no tuvo corazón para enfrentarse a unos energúmenos que se regocijaban ridiculizando a una chica por el simple hecho de ser (o parecer), de origen africano.

En la puerta del Instituto, como siempre, algunos camellos se dedicaban al criminal comercio de la droga. Eran conocidos de la policia, pero campaban a sus anchas con total impunidad. La policía se esforzaba en contener ese tráfico, pero sus esfuerzos en la mayor parte de las ocasiones, era inútiles o totalmente insuficientes.

Ya en clase,  volvió a sonar en sus oidos la eterna letanía de siempre. Risas, bromas, falta de atención, mofa, befa y burla a un profesorado necesariamente desmotivado desde casi sus primeras clases en el instituto, desbordada su vocación de pedagogos ante el pasotismo de un sector de estudiantes cada día más numeroso.

Ahora, de regreso a casa, sentado en un banco del parque, contemplaba con regocijo como los cinco pajarillos recien nacidos, coléricamente desprovistos de su nido, se aferraban a la vida,  ignorantes de que su muerte ya era inevitable. Había bastado una simple cagada en su cabeza. No sabía muy bien en qué momento, qué acontecimiento, había facilitado su paso al bando de los bichos, de las alimañas, pero sí sabía que la sensación de esa transformación no le desagradaba en absoluto. Tal vez siempre estuvo latente en su interior la condición de bicho. Por momentos incluso imaginó a su padre retorciéndose a sus pies como si de una de aquellas avecillas se tratara. Pensaba, y creo que con razón,  que este vil asesinato de unos pobres pájaros, no era sino el símbolo de una nueva etapa en su vida.

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14 de junio de 2010

Haikus encadenados para un hermoso camino

Imagen obtenida de Internet
De negro a cano,
ha mutado mi pelo
contigo al lado.

Contigo al lado,
arrugas en mi rostro,
camino andado.

Camino andado,
el paisaje… precioso,
los pies… cansados.

los pies cansados,
arrugas en mi rostro
y el pelo cano.

9 de junio de 2010

Este jueves, un relato. ¿Hacemos deporte?

Hoy como cada día, antes de cumplir con el ritual diario de la ducha, me he mirado al espejo.
 
Si,... al espejo. Ese objeto nada mentiroso que se empeña en reflejar nuestra imagen sin maquillar la realidad.
 
Me ha cogido en un descuido, porque normalmente me miro cuando al salir de la ducha, con el cuarto de baño lleno de vapor que se adhiere a su superficie, la imagen que me devuelve está difuminada, sin contornos definidos. De esta forma, puedo usar la imaginación para encontrarme incluso algo resultón.
 
O también me miro cuando ya vestido, una cierta holgura de las ropas hace las funciones de vaho difuminador de contornos. Y yo, feliz por improvisar, por idealizar mi realidad.
 
Pero insisto. Hoy me ha cogido en un descuido y me ha devuelto la imagen real, cruelmente real. He podido apreciar en todo su esplendor la importante protuberancia cárnica, casi esférica ya, que sustituye a lo que hace muchos años, fue un abdomen plano. Jamás fui poseedor de ninguna “tableta de chocolate” allá por las regiones abdominales, pero lo que me ha devuelto hoy mi cruel enemigo, me ha llevado al pesimismo, al borde del “hundimiento” anímico. Ese no soy yo, que me  han cambiado.

Así que provisto de grandes dosis de determinación, he maquinado un buen plan para vengarme de mi implacable enemigo el espejo.
 
Comenzaré por una sesión diaria de ejercicio físico.

UNA HORA ANDANDO a buen ritmo durante los días laborables y mochila y bastón para los fines de semana. Lógicamente si no se cruzan imponderables que me lo impidan, como colaborar en las tareas domésticas, leer, acompañar a Toñi en las compras, visitar a los amigos, salir, ..., etc.
Bueno, tal vez tenga que reducir bastante este propósito inicial, pero andar, lo que se dice andar,… CASI seguro estoy de que andaré.

Algunos ejercicios, sin embargo, están totalmente desaconsejados para conseguir una disminución abdominal, por lo que tendré que reducir su práctica al mínimo aconsejable.

En este apartado podemos destacar fundamentalmente dos:

A)    Ejercicios de compresión mandibular para destrucción y deglución alimenticia.

Tengo el firme propósito de retirar de mi dieta todo tipo de salsas, grasas, embutidos. Tengo que terminar con la insana costumbre de mojar sopas en todo aquello que sea capaz de empapar una buena miga de pan, etc.
 
Es claro que habrá veces en que no podré evitarlo, porque por ejemplo, en cualquier reunión gastronómica con amigos, si estos son amantes de todo este tipo de comidas, yo tendré que acompañarlos aún a mi pesar, para que no se sientan molestos ni puedan llegar a pensar que intento ser distinto o más voluntarioso que ellos. Al ocurrir esto con una cierta frecuencia, me temo que no podré ser excesivamente riguroso, más bien nada riguroso con la eliminación de este tipo de ejercicio, pero eso sí, tengo el propósito de practicarlo menos, a pesar de resultar taaaaannnnnn apetitoso.
 
B) Levantamiento de vidrio con apoyo de codo sobre barra fija.
 

No soy distinto al resto de los mortales. Si, lo reconozco. Me engorda la cerveza.
 
No me confieso abstemio, porque no lo soy, pero si poco bebedor. Lo más una cerveza a la hora de la comida, Pero claro, una cerveza al día son 7 a la semana, 30 al mes y 365 al año. ¡¡¡¡365 cervezas!!!. Eso si no salimos a cenar, porque claro si sólo practicas el citado ejercicio en una sola ocasión, el camarero te mira con cara de ¡quítese de ahí, que se ponga otro!,
Pero si, tengo el ¿firme? Propósito de excluir lo más posible este ejercicio de mi entrenamiento habitual.
 
Antes de publicar esta entrada, le he dado un repasito y he llegado a la conclusión de que tal vez, sólo tal vez, no sea tan malo haber echado algo de barriguita cervecera, que tal vez, sólo tal vez, no compense el sacrificio, que tal vez, solo tal vez, a pesar del sacrificio no lo consiga y a cambio habré disgustado a amigos, a compañeros, me habré pegado unas palizas impresionantes, me habrán entrado algunas crisis de ansiedad, me habré privado de placeres que me gustan  y total, con el único objetivo de vengarme de mi enemigo el espejo, yo,....que no soy nada vengativo.
 
(re-edición actualizada)
 
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1 de junio de 2010

ABISMO

Imagen obtenida de Internet 
 
ABISMO

Desde hace ya algún tiempo,
de una forma insistente,
la vida, auditora implacable,
me reclama el balance
de los últimos años.

Especialmente detalle pormenorizado
de la cuenta de días placenteros,
pues piensa que la estafo
y apenas incremento ese apartado.

Tendré que anotar,
para suplir el decremento de los mismos,
La inflacción  producida
En las secciones
    de compartir tristezas,
    de ejercer de bastón,
    de transferir apoyos,
    de inyectar optimismo,
que vivir en compañía,
en ocasiones,
exige transferencias
que merman el placer,
pero  aportan amor y solidez
no sólo a la propia vida,
sino a la sociedad vital de gananciales.

Tendré que anotar
para equilibrar las cuentas,
(justificando resultados),
que en el inventario vital
no todo se reduce
al apartado del placer.

Que otros activos
han venido a cubrir con creces
esa merma.

Que los días placenteros volverán
cuando los pies que me acompañan
pisen la tierra firme,
lejos ya del doloroso empeño
    que desequilibra,
    que frena,
    que demora,
por pisar el aire del abismo
bajo sus plantas.