26 de marzo de 2014

52 semanas, 52 palabras. Semana 13. SUSPIRO




La vió llegar a su altura grácil, esbelta, elegante, casi alada, como una aparición. Ella, como cada día, lo saludó con franqueza y cordialidad esbozando  una sonrisa. El quiso hablarle pero, como cada día, cohibido ante su belleza y bloqueado por la timidez, sólo fue capaz de emitir un profundo SUSPIRO mientras la veía alejarse en la distancia. Tal vez mañana.

Más motivos para suspirar podeis encontrar en el blog de nuestra amiga SINDEL

Este jueves, un relato: A VOLAR




¡Vuela conmigo!, le dijo. Ella, confiada, lo acompañó en su vuelo.  Siguiendo estelas de polvo blanquecino, persiguieron la felicidad sobrevolando paraísos. Cuando se dieron cuenta que eran artificiales, quisieron regresar, pero fue inútil. Se habían embarcado en un vuelo sin retorno.

Más aventureros emprenden vuelo desde el aeródromo de nuestro amigo  Alberto V,

20 de marzo de 2014

52 Semanas, 52 palabras. Semana 12: SOL




Lunares de sol,
difuminan las sombras
tras la persiana. 

Más historias sobre el sol podeis encontrar en el blog de nuestra amiga Sindel

Este jueves un relato: LOS SONIDOS DE LA PRIMAVERA





Brota la vida.

La Tierra está de parto

con savia nueva.





Con savia nueva,

susurros y latidos

de  primavera.





La rama seca,

nuevo brotes contempla

por primavera. 

Podeis encontrar más manifestaciones primaverales en el blog de nuestro amigo Gustavo

13 de marzo de 2014

Este jueves un relato: NOS VAMOS DE CAÑAS



Con lo aficionado que soy a salir de cañas con los amigos, no se me ocurre nada que esté en consonancia con el nivel mínimo de exigencia que ha de tener cualquier entrada que se muestre ante un grupo tan diverso y variopinto pero sobre todo tan amante de las letras como este grupo juevero.

No quiero fallarle a nuestra anfitriona y querida amiga Emejota, así que sustituiré la inspiración que las musas no han querido concederme esta semana, por una anécdota que tiene como desencadenante directo las cañitas o, más bien, el exceso de estas.

Tengo un amigo, un gran amigo, sin duda alguna mi mejor amigo, bromista, simpático, de un carácter que hace muy difícil enfadarse con él, que aguanta poco la bebida y, aunque es consciente de ello, no tiene miedo a “tomar” de más, porque sabe que no solamente no meterá la pata jamás, sino que su carácter divertido, cuando llega a un punto calentito de euforia cervecera, se acrecienta exponencialmente.

En cierta ocasión nos habíamos reunido una veintena de amigos en una casa rural para pasar un fin de semana. Mi amigo llegó varias horas tarde por motivos de trabajo. Era una calurosa noche de verano. Con la sana intención de ponerse al corriente en lo que a cervecitas tomadas se refiere, agotó rápidamente lo que nosotros habíamos trasegado durante todo el día. Tan sóló le bastó una ligera y malévola insinuación de que se refrescara en la piscina, para que se lanzara vestido y calzado al agua.

El grito posterior de: -¡Ostras, los billetes!-, nos hizo darnos cuenta de que ni siquiera había tenido la precaución de desprenderse de la cartera antes de lanzarse al agua.

La noche continuó con mi amigo empapado por completo, entre carcajadas generales incluida la suya y con los billetes, como si de camisas o pantalones se tratará, colgados en un tendedero  sujetos por pinzas de la ropa.

A la noche siguiente tomamos una sopa caliente elaborada por el. Tengo que reconocer que es un gran cocinero, pero en su elaboración la sopa  creía que no llevaba suficiente  vino y el vino creía que no llevaba suficiente sopa, pero esa….. es  otra historia.

Más historias de cañitas en el blog de nuestra amiga Emejota.