Mire y mire, pero no vi a Dios."
Yuri Gagarin, primer astronauta.
Miro al cielo y me causa una
mezcla de sonrojo y estupor la credulidad que me ha acompañado durante tantos
años en un Supremo Hacedor. El Universo entero es un prodigio de equilibrio,
una armoniosa conjunción de la cual formamos parte, cuyo origen se me escapa,
pero que en ningún modo deseo atribuir a la voluntad ni a la potestad artesana
de nada ni de nadie.
Sin embargo, a pesar de mi
escepticismo, sigo siendo un soñador. Creo que el hombre necesita alimentar
sueños y quimeras. Es por esa necesidad de soñar que miro al cielo, que me invento criaturas en la forma
de las nubes, que me maravillo ante la impresionante paleta cromática de
amaneceres y crepúsculos, que el arco iris me parece un puente de luz por el
que cruzar hacia un lugar mágico y desconocido. Es por eso que me declaro
lunático, que la contemplación del firmamento estrellado me proporciona paz y
serenidad. En la quietud de la noche, en esos brillantes lunares que adornan su
magnificencia, que atenúan su negritud, busco
a menudo encuentros imposibles con aquellos que se fueron y, fruto de mis
ensoñaciones y locuras, a veces hasta me ha parecido conseguirlo. Llego a la
conclusión de que el cielo, de día o de noche, siempre será en sí mismo, aliado
de mis sueños.
Podeis encontrar más miradas al cielo en el blog de nuestra amiga
Sindel