Siento en lo más profundo de mí que
pertenezco a un lugar. Me identifico con una forma de ser, con una cultura, con
unos usos y costumbres, con unos paisajes, con unas gentes. Son las raíces a
las que debo lo que soy. Este sentimiento de pertenencia es lo más cercano al
concepto Patria que puedo percibir en mí.
La misma convicción que siento de pertenecer
a un lugar, me lleva al convencimiento de que este lugar, ningún lugar, me
pertenece. La palabra Patria me habla de cercas, de fronteras, de territorios expropiados por conquista, de dominación de unos pueblos sobre otros con excusas tan peregrinas como la
evangelización o el progreso que obedecen siempre a los bastardos intereses económicos de unos
pocos.
La palabra Patria en mi país, ha estado
durante muchos años, me temo que sigue estando, ligada a marcha militar, a honor
mal entendido, a nacionalcatolicismo, a centralismo trasnochado. La Patria, en mi país, ha sido
siempre el cortijo de unos pocos, gracias al esfuerzo y el trabajo de muchos.
Ahora, ese privilegio de unos pocos se soporta en la fragilidad que proporciona
la falta de trabajo de muchos. Pienso que estos o similares pensamientos
podrían explicar la realidad de todas las Patrias de todos los rincones del
planeta.
La palabra Patria, por último, me habla de
exclusión social e inhumana, de desigual distribución de riquezas, de un
Planeta abundante en bienes, generoso, sobrado de recursos para todos los que
en el habitamos pero en el que estos dones están en manos de unos pocos en
detrimento de todos los demás y que esta situación, de una u otra forma, está favorecida por el mantenimiento de Patrias y fronteras. Para
derribar estas o para hacerlas permeables y sensibles a las desigualdades, tendríamos que volver a empezar con la voluntad de corregir
errores y eso es imposible. Estamos abocados al fracaso.
Quisiera terminar con dos versos contundentes
de una canción de Victor Manuel, titulada “esto no es una canción”:
Aquí cabemos
todos,
o no cabe ni Dios
Más patriotismo en el blog de nuestra amiga Sindel