Justo en
el mismo instante en que mi hijo nos dejaba para siempre, una mariposa blanca
bajaba desde la ventana de la habitación donde estaba hospitalizado y se posaba
en la cara de mi esposa durante breves instantes para regresar después a la misma ventana de la que había partido.
Algo extraordinariamente excepcional. Pudo hacerlo en
cualquiera de nosotros, pues estábamos esperando noticias entre familia y
amigos, muchísimas personas. Pero él,
porque no me cabe duda de que se trataba de él, quiso despedirse de su madre de
esa forma tan hermosa.
Tal vez sea una casualidad, seguramente seré víctima de
mi ceguera, no lo sé, pero si sé que con posterioridad, en ocasiones señaladas,
una mariposa blanca ha rondado siempre cerca de nosotros.
Reedito
para vosotros este haiku, con la única intención de que sea expresión de un amor, el suyo, que seguimos sintiendo cada día.
Dejó en su
frente,
la mariposa
blanca,
polvo de
estrellas.
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historias de mariposas en el blog de nuestra amiga Sindel





