Felicitación navideña 2020

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20 de noviembre de 2016

Convocatoria literaria. Este jueves, un relato: "UN GIRO INESPERADO"


¿Quien no ha experimentado alguna vez las consecuencias de un cambio imprevisto, de una circunstancia inesperada, de un golpe de suerte o de infortunio, de un trastocamiento tal que los planes que habíamos trazado o, simplemente, que el desarrollo de un momento cualquiera de nuestra vida, de una situación puntual que se preveía de una manera, resultó de otra bien distinta por mor de un imprevisto?.

De esto es precisamente de lo que me gustaría que escribiéramos esta semana. Creo que tiene muchos matices, facetas, vertientes desde la que enfocarlo. Podeis utilizar un tono intimista, realista, humorístico, basaros en hechos reales o imaginarios.

Escribamos pues sobre “UN GIRO INESPERADO”. Espero con ilusión vuestras aportaciones. Las recomendaciones sobre la extensión, cuando publicar, comentarios, etc. las podeis ver en el blog inventario juevero Recomendaciones para participantes en los jueves literarios.

18 de noviembre de 2016

Este jueves un relato: "Cuestión de tiempo"


Nuestra amiga Nieves nos invita esta semana a reflexionar sobre el tiempo y su incidencia en nuestra vida. Ante la falta de tiempo que me agobia ultimamnte, recurro a una vieja entrada que escribí hace más de cuatro años, curiosamente en una convocatoria de la misma anfitriona que nos guía esta semana. Confío en que sea nueva para la mayoría de vosotros.


A cada uno de nosotros nos ha tocado en suerte un segmento de tiempo. No somos intemporales. Ese segmento, tiene la cualidad de segmento suma. Son muchos los segmentos de tiempo cuya adicción da como resultado aquello que somos en el transcurso  de toda una vida. Tiempo de juegos, de sueños, de odios, de amores, tiempo de sufrimiento y dolor, tiempo de penas y alegrías, tiempo de diversión y responsabilidad, tiempo de crecer y madurar, tiempo de envejecer, tiempo ganado, tiempo perdido. Tiempo que va muriendo y consumiéndose en la misma medida en que nos alejamos del origen y nos acercamos al límite de esa línea de tiempo que nos ha sido otorgada.
Es en ese discurrir de nuestra experiencia vital a lo largo de nuestro propio segmento de tiempo, donde este se nos muestra esquivo y nada complaciente las más de las veces. Unas, cuando quisiéramos que los instantes que nos concede se volvieran eternos, vemos pasar el tiempo a velocidad vertiginosa. Otras, cuando deseamos fervientemente  que transcurra lo más rápidamente posible, parece que todas las manecillas de todos los relojes se paran expresamente para hacernos su duración interminable.
Quiero hacer especial hincapié en una característica esencial del tiempo, una característica que lo hace aparecer ante nosotros unas veces como angel protector, otras como demonio despiadado y a veces, simultáneamente y ante los mismos hechos, bajo las dos apariencias. Es su característica de depredador, de ladrón de recuerdos. 
El transcurrir del tiempo suaviza el dolor producido por las malas experiencias, pero tambien es el responsable de que las agradables sensaciones de experiencias amables, placenteras, acaben convirtiéndose en una nebulosa difuminándose hasta ser tan sólo un vago recuerdo.
Su doble cara, angel y demonio, se presenta con especial virulencia ante la pérdida de alguien muy querido. El transcurso del tiempo hace que el dolor se haga menos lacerante, más llevadero y eso nos confirma en la creencia de que el tiempo todo lo cura, pero a la vez, ese mismo transcurso del tiempo hace que aparezca odioso a nuestros ojos porque nos escamotea difuminando, gestos, expresiones, tono de voz, a veces incluso las facciones de la persona que quisiéramos tener siempre de una manera fresca y actual en nuestro corazón y en nuestra mente.
Así es el tiempo en nuestra vida: Cara y cruz, angel y demonio, amigo y enemigo.  

Más historias y reflexiones sobre el tiempo en el blog de nuestra amiga Nieves

20 de octubre de 2016

Este jueves un relato: ¿Que hace esto aquí?


Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Miguel Hernández Elegía a Ramón Sijé

Hay un trozo de tierra al pie de un algarrobo, junto a un macizo de romero, en el cementerio de Córdoba.

Es la tierra a la que las cenizas de nuestro hijo sirven de nutriente por expreso deseo de nosotros, sus padres.

Ahí es donde acudimos semanalmente a su encuentro, mi mujer y yo, a honrar su memoria, a añorar su presencia entre nosotros.

Ahí es donde unas cuantas flores artificiales en verano, naturales en invierno, dentro de una pequeña jardinera, lo acompañan.

Parece ser que esos simples objetos, que esas flores, no deberían estar ahí. Una normativa profundamente inmoral, miserable, innecesariamente cruel, carente de ética y de estética, determina que sólo pueden depositarse flores el día de la inhumación. Nunca más.

Doy fé de que este pequeño testimonio físico de nuestro infinito amor, no estorba. Está situado en la zona de tierra que rodea al tronco del árbol, donde no llega la máquina cortacésped, donde no interfiere ni con la máquina sopladora de hojas secas, ni con el riego, ni con cualquier otra tarea de mantenimiento del lugar.

Sin embargo, ya es la segunda vez que atendiendo a esa normativa nos lo arrebatan, la segunda vez que se han llevado flores  y jardinera con total impunidad.

Desde que el mundo es mundo, los seres humanos, de una forma u otra, hemos honrado la memoria de nuestros difuntos y esas manifestaciones han sido respetadas siempre de una forma reverencial.

Nuestra incompresión por estos hechos es todavía mayor porque el cementerio es municipal. Su gestión depende del Ayuntamiento y éste está regido por partidos de izquierdas a los que se les supone, como eje fundamental de sus políticas, la defensa de los derechos humanos y el respeto por la dignidad de las personas.

No les reconozco el derecho a gestionar mi dolor ni las manifestaciones externas de éste, motivo por el cual seguiré poniendo flores junto al sitio donde las cenizas de mi hijo descansan aunque, según ellos, esas flores no deberían estar ahí. Es la batalla de David contra Goliat en la que, por cierto, salió victorioso David.

Más cosas fuera de lugar las podreis encontrar en el blog de nuestra amiga Charo




12 de octubre de 2016

Este jueves un relato: Buscando la felicidad


Acurrucando entre los brazos a mi mujer, intimamente abrazado a ella, como todas las noches, me he acostado con la preocupación de rememorar momentos felices para dar forma al relato juevero que trata precisamente de eso, de la felicidad. Ha sido un día muy agitado que me ha impedido pensar en ello.

Esta mañana, con tres amigos, hemos realizado una jornada de senderismo por la sierra cordobesa. Los paisajes bellísimos, la naturaleza exuberante, la grandiosa sensación de estar en la cumbre y el cansancio extremo, desterraron de mi mente la necesaria búsqueda de momentos felices sobre los que escribir para vosotros.

A la vuelta de tan agotador paseo, en casa me esperaban mis hijos, que un día a la semana como mínimo, generosos, se reunen para hacernos compañía con la excusa de comer juntos. No sabría pasar sin estos momentos, sin la sobremesa posterior, sin su constante presencia en nuestras vidas. 

Más tarde, me esperaba por un rato la reposada lectura del libro Abecedario de flores de mi buen amigo Alfredo. Un placer para los sentidos. Finura, delicadeza, claridad de exposición y profundidad de pensamiento en cada párrafo, en cada descripción de flor.

Antes de cenar, como cada día, un largo paseo vespertino con Toñi me sigue impidiendo centrarme en la búsqueda de momentos en que la felicidad haya estado presente en mi vida.

Esta misma noche, hace una hora, un plato de pulpo a feira, una cerveza fresca, un rato de televisión y a la cama, donde ahora estoy, abrazando con ternura a mi mujer e intentando encontrar trazas de felicidad que merezcan ser mostradas, intento vano que me provoca, junto al desvelo, la sensación de impotencia por no saber buscar lo que tal vez salte a la vista. 

Seguramente vosotros podreis encontrar más momentos felices en casa de nuestra anfitriona Mirella.

6 de octubre de 2016

Este jueves un relato: Un homenaje a la medicina y sus profesionales


Me piden una historia en torno al mundo sanitario, hospitales, médicos, enfermeras, etc. y hurgo en en los recuerdos que nunca faltan, para extraer de ellos algún episodio que resalte entre todos, que pueda despertar la atención del hipotético lector que tenga la gentileza de acercarse a lo que escribo.

Los acontecimientos hospitalarios más significativos, los que más huella han dejado en mí, son además los más traumáticos, así que quedan en mi interior, decido no escribir sobre ellos y por tanto, escarbo un poco más a la búsqueda de recuerdos más amables, que me hagan decantarme por la positividad y el sincero reconocimiento a una labor, la de aquellos que ejercen la medicina, que tanto bien aportan a la humanidad.

No necesito mucho esfuerzo, pues algunos de esos recuerdos están siempre presentes, son, en su origen, motivo de orgullo y satisfacción. Me refiero a esos momentos en que mis hijos vieron por vez primera el mundo fuera del vientre materno. Allí estuvieron los médicos, personal de enfermería, auxiliares, instalaciones hospitalarias, sanidad pública en su conjunto, al servicio de una nueva vida. Sanidad pública, la joya de la corona que políticas desaprensivas al servicio de los poderosos, pretenden arrebatarnos en aras satisfacer los bastardos intereses de los de siempre.

Son legión los profesionales de la Sanidad que participan en organizaciones no gubernamentales como médicos sin fronteras y otras, sacrificando vacaciones, poniendo sus conocimientos, tiempo, esfuerzo y vocación de una forma solidaria, desinteresada y altruista al servicio de aquellos que difícilmente llegarían a tener la necesaria asistencia sanitaria.

Sé que no lo leerá, pero me gustaría declarar mi admiración y respeto por todos ellos, rindiendo un más que merecido homenaje a Asun, enfermera vocacional y entrañable amiga, madrina de mi hija, que estuvo siempre presente en los partos de Toñi, doblando en ocasiones turnos para no faltar en ese momento tan especial. Jamás ví mayor entrega apasionada a una profesión que para ella era y es una forma de vida, la manera de aportar a la sociedad lo mejor de sí misma, que es mucho.

Podeis leer más historias de médicos y hospitales en el blog de nuestro amigo Juan Carlos

16 de septiembre de 2016

Este jueves un relato: SEPTIEMBRE


Septiembre, el mes séptimo romano marginado a la novena posición por el capricho de los hombres. Mes de llantos infantiles, de incertidumbres y miedos ante las primeras incursiones en el mundo escolar. Junto con Enero, Septiembre es el mes de proyectos y cambios por antonomasia. En los estertores del verano, cuando las vacaciones estivales comienzan a ser tan sólo un plácido recuerdo, a finales de Septiembre, una oronda prominencia abdominal sanchopancesca, me recuerda los excesos gastronómicos y cerveceros a los que he sometido a mi organismo.

Asoman tímidamente, con menos fuerza de la que tan dramática situación requiere, propósitos de enmienda con aroma de verduras y sudores de gimnasio, que duran lo que mi frágil voluntad les deja, apenas un plato de espinacas y dos o tres ejercicios abdominales.

Para mí, Septiembre se caracteriza también por el ilusorio renacimiento de nuevas inquietudes culturales. Cursos de muy diferentes disciplinas se me ofrecen por medio de múltiples canales. Con aquellos que me resultan atractivos me autoengaño con el pensamiento puesto en una constancia en el interés y el esfuerzo que casi nunca llega a culminar, abandonando esas inquietudes ante las primeras ocasiones festivas que se me presenten.

El marketing publicitario conoce profundamente esa ebullición de inquietudes que nos sacude en Septiembre. No es casualidad que aparezcan como hongos, anuncios publicitando nuevas y variopintas colecciones por entregas. Desde colecciones literarias a colecciones de coches en miniatura o plumas estilográficas. Alguna vez me he dejado seducir por alguna de ellas y tras cuatro o cinco ejemplares, o bien me he cansado de seguirlas o bien han desaparecido misteriosamente del mercado. ¿No os ha pasado nunca?.

La efervescencia que Septiembre me ofrece, rápidamente languidece provocando el que al final Septiembre, en su justa medida contemplado, no sea sino un simple sucesor de Agosto y un precursor de Octubre, un mes más, ni mejor ni peor que el resto de sus hermanos. 

Seguramente encontrareis más y mejores consideraciones y escritos sobre el mes de Septiembre en el blog de nuestra amiga Encarni

8 de septiembre de 2016

Este jueves un relato: Regálame un sueño

Estos dias me encuentro poco creativo, razón por la cual acudo al copy/paste y reedito para vosotros una entrada realizada allá por febrero de 2012. Poco o nada ha cambiado desde entonces en lo concerniente a mis sueños. Creo, por tanto, que puede servir para la ocasión.
 
 Mentiría si dijera que carezco de sueños. Siempre fui un soñador. Me precio también de tener los pies asentados al suelo, de ser razonablemente consciente de mis limitaciones, de mis capacidades, de mi realidad. ¿Se contradice acaso la capacidad de ensoñación, el pensamiento utópico, el anhelo por lograr deseos imposibles  con los escasos recursos que nos proporciona nuestra humana condición?. 

Creo que la persecución de los sueños debe de estar presente en nuestra vida como horizonte hacia el que caminar. Siempre que pienso en esto, me viene a la cabeza la historia de aquel “tonto” que tiraba piedras a la luna con la intención de alcanzarla. Nunca lo logró, pero fue el que consiguió lanzar la piedra a mayor altura. 

Sin embargo, a pesar de que en la vida me sigue importando absolutamente todo, como reza en mi perfil, el universo de mis sueños ha ido reduciendo su tamaño. Se van quedando aletargadas mis utopías de un mundo mejor, más equitativo, solidario, menos fanático e intolerante, ante la terca y aplastante evidencia de que eso no es posible, que siempre será una pura quimera y ante la constatación de que salvo brotes aislados, todos nos resignamos ante esa imposibilidad. La realidad actual y nuestra indolencia ante la misma, es buena prueba de ello.

Otros sueños más próximos, factibles, aspiraciones más íntimas y próximas, van quedando como reducto para mis esfuerzos. La felicidad y el bienestar de mi familia, el cariño de y hacia mis amigos, escribir algún día el poema definitivo que me llene por completo, acariciar y mimar algún día la descendencia de mis hijos,  aspiraciones todas ellas lejos, muy lejos, de esas otras más globales que aunque siempre me acompañan, chocan contra mi incapacidad e indolencia para luchar por ellas. 
 
Más y mejores sueños podeis disfrutar si acudís a la casa de nuestra amiga Maribel Lirio