Hoy vuelve a ser una de esas noches. El silencio nocturno se convierte en una caja de resonancia que aumenta hasta la exasperación el sonido de los escasos ruidos existentes. Morfeo se ausenta negándome el benefactor influjo de su abrazo. El tic-tac del reloj hace retumbar en el cerebro su infernal metrónomo marcando el despertar de mis nervios desatados. Los crujidos del hielo en el frigorífico, claros y nítidos, aportan a mi desvelo inquietantes ruidos que tensan mi cuerpo como la cuerda de una ballesta.
Querer y no poder. Cierro los
ojos a la penumbra reinante buscando el sueño reparador y acuden en
tropel miles de episodios, situaciones y momentos, que reclaman mi
atención de una forma tiránica, obligándome a vivirlos nuevamente
mientras el anhelado sueño se bate en retirada.
Mi cuerpo desatado
deja sobre las sábanas la intrincada huella del desvelo. En toda la
casa resuena el eco de mis pasos perdidos buscando una calma más
perdida todavía.
Mientras tanto, la noche avanza y ya las primeras
luces comienzan a hacer su aparición. Viene rompiendo el alba y yo,
una vez más, me encamino a la ducha para afrontar un nuevo día que,
sin descanso, se me presenta como una continuación del anterior. Hoy
ha vuelto a ser una de esas noches.
Podeis ásistir a más desvelos un poco más abajo, en esa misma casa





