De todos es sabido que
una paloma blanca es símbolo de paz, ¡pero es tan frágil su
existencia!.
De todos es sabido que un
niño, un bebé, representa la inocencia, ¡pero es tan indefenso un
niño!.
La paz es una marioneta
manipulable a su antojo por los titireteros de este circo
La inocencia de un niño,
puede ser como la voluta de humo de un cigarro, efímera y volatil.
Y ellos, los de siempre,
los indignos alquimistas del mundo, conocedores de su fragilidad,
convierten a la blanca paloma en un juguete y al niño en un soldado
para provecho propio.
Mientras tanto, nosotros,
los que nos decimos amantes de la paz y la inocencia, delinquimos por
omisión de socorro mientras asistimos mudos y estáticos a este
lamentable espectáculo circense por el que estamos pagando un alto
precio.
Más interpretaciones en torno a la imagen propuesta en el blog de nuestra amiga Sindel




