Felicitación navideña 2016

Felicitación navideña 2016
Creación de Mónica (Neogéminis)

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19 de noviembre de 2017

Cierre de la convocatoria literaria del día 16/11/2017

 
 
Finalizado el sábado, procedo al cierre de este jueves literario que nos ha llevado a, con los ojos vueltos, asomarnos a nuestro yo interior, a nuestra esencia y exponernos a los ojos de nuestros lectores.
Quiero dar las gracias a la generosidad de todos aquellos que me habeis acompañado en esta semana que termina, ya sea participando con vuestros escritos y comentarios, ya sea leyéndonos. Gracias de corazón a todos.
Cedo el testigo a nuestro amigo y compañero Juan Carlos Celorio que conducirá la próxima semana juevera. Propondrá el tema a tratar desde su rinconcito http://jwancarlos.blogspot.com.es/.
 


15 de noviembre de 2017

Este jueves, un relato: "Con los ojos vueltos" y relación de participantes






Ha llegado la noche. La vida, por un rato, relajada después del ajetreo. Un intervalo temporal que a veces me concedo para pensar en mí, desnudo, sin maquillaje, sin la gama de barnices que cubren mi persona en las diferentes situaciones, en los múltiples roles a las que me enfrenta mi humana condición.

No me desagrada la imagen que mis ojos vueltos reflejan de mí paisaje interior. Asumo y acepto lo que soy. No es un paisaje abrupto. No tiene grandes cumbres ni barrancos abisales. Predomina la llanura salpicada de pequeñas lomas. Los arroyos discurren mansamente, si acaso, en alguna ocasión, pequeñas cascadas alteran la mansedumbre de sus aguas. Ni siquiera el sol es inclemente.

Atrás quedaron los sueños imposibles, las grandes frustraciones, los ídolos de barro, el ardor inconsciente, las creencias idólatras, las confianzas ciegas, la inmadura soberbia, los inútiles odios, algunos afectos no correspondidos.... ¡tantas cosas!.

De todo lo que he sido, tan sólo queda un pozo de bondad, algo de sabiduría, una inmensa ignorancia, grandes dosis de curiosidad, una enorme capacidad de amar y ganas, muchas ganas de seguir caminando. Tal vez haya llegado a mí la madurez, tal vez, por fín, esté mi casa sosegada.

Más  relatos de introspección  en esta misma entrada.

Van llegando participantes en esta semana literaria. Los enlaces a los respectivos blog los iré poniento por riguroso orden de llegada. Son los siguientes:
01.- Carmen Andujar
02.- Inma Blanco
03.- Cass
04.- Fabián Madrid
05.- Yo mismo
06.-  Campirela
07.- María Perlada
08.- Yessy Kan
09.- Diva de noche
10.- Tracy
11.- JLO 
12.- Neogéminis
13.- Nino Ortea
14.- Montserrat Sala
15.- Rhodea
16.- El Demiurgo de Hurlingham
17.- San Galisan
18.- Jandrés
19.- Dafne

13 de noviembre de 2017

Este jueves, un relato: "Con los ojos vueltos"




Esta semana, con algo de retraso, tomo gustosamente el relevo de nuestra compañera y amiga Dorotea Fulde Benke, la cual por motivos personales no ha podido hacerse cargo de la convocatoria. 
Con la inmediatez que la situación requiere, os propongo un tema que tal vez sea algo arduo pero espero que os complazca a todos. 
Me gustaría que hicieramos un ejercicio de introspección y naveguemos en nuestro interior. No se trata de desnudarnos ante los demás, pero sí que nuestra entrada, sea el resultado, real o imaginario, de asomarnos al interior de nosotros mismos. Seguro que encontramos luces y sombras, lagos serenos y mares procelosos, indolencia o diligencia, ¡yo que sé!, tantas facetas que configuran nuestra personalidad, y que tal vez nos apetezca escribir sobre alguna de ellas, en tono de humor o con seriedad, en prosa o en verso, siempre con las recomendaciones para participantes que podeis ver reflejadas en el blog de inventario juevero

8 de noviembre de 2017

Este jueves, un relato: DIAS DE OTOÑO

Nuestra compañera y amiga  Inma nos invita a escribir sobre el otoño. Hace tiempo que no escribía haikus y me ha parecido una magnífica ocasion, ya que la estación otoñal se presta a ello. Más muestras de manifestaciones otoñales las podeis leer en su rinconcito MOLI DEL CANYER.
 



Lluvia de otoño,
en las ramas desnudas,
se moja el cuervo.

Trunca el silencio
un rumor de hojas secas.
Brisa de otoño.

Besan la tierra,
por el viento mecidas,
las hojas muertas.

Las hojas secas,
con su muerte propician
la nueva vida.

Tras la hojarasca,
la ardilla se camufla.
Llegó el otoño.


2 de noviembre de 2017

Este jueves un relato. Halloblogween. "Lo que no se ve"


Nuestra amiga Teresa Cameselle nos invita a participar, como cada año, de su Halloblogween. En esta ocasión nos invita a escribir sobre lo que no se ve. Esta es mi aportación:

Estoy sentado delante de un humeante y oloroso café. Mis muñecas aún tienen la marca de un intento de suicidio. Nadie me cree cuando afirmo que fueron ellos los que me incitaron a atentar contra mi vida. Desde la terraza del café veo moverse las cortinas de mi ventana. Están ahí, me susurran y gritan, se apoderan de mi cabeza, nadie los ve salvo yo, ellos hacen que me considere muerto mientras vivo, cosa de la que me convencen, a duras penas, mis familiares y amigos. Son ellos los que me incitan a vagar como alma en pena por los pasillos de la casa huyendo de sus caras desencajadas, de sus miradas perdidas, de sus agitaciones espasmódicas, de sus pasos erráticos y sobre todo, de su insoportable olor a carne quemada. ¿como es posible que nadie lo huela?. Son ellos los que en ocasiones me paralizan, los que me convulsionan el cerebro como si me aplicaran electroshock. En mis escasos momentos de sosiego pienso que tal vez me esté volviendo loco.

Un soplo de aire frío me azota el rostro. Siempre ocurre cuando uno de ellos está cerca. Su risa hiela aún más que el aire que anuncia su presencia. ¿Porqué nadie los ve, ni los oye?. Se sienta en la mesa de al lado, jugueteando con un mechero, junto a una pareja de edad indefinida. La conversación de estos, antes susurrante, la oigo ahora nítida y clara.

Comentan la transformación de este entorno. Ahora casas adosadas y espaciosos jardines, antes un vetusto, gris y algo siniestro Hospital Psiquiátrico Provincial, reducido a cenizas tras un pavoroso incendio provocado por un interno esquizofrénico. Nadie se salvó. Ese, el que ellos no ven, sigue jugueteando con su mechero mientras me mira con una gélida sonrisa. Definitivamente, no vuelvo a casa. Tengo que venderla y huir.

SEGUNDA APORTACION.
He querido complementar esta entrada con dos microrrelatos más. 

 
Siempre fuí vegetariano. Me encantan los vegetales cuando envuelven carne humana.

La güija al fín me mostró la identidad del asesino de mi madre. Escribió mi nombre.

Más historias terroríficas las podeis encontrar en el blog de nuestra amiga y compañera Teresa Cameselle.

26 de octubre de 2017

Este jueves un relato: Cita a ciegas con un libro




Esta semana tenemos que trazar los rasgos generales que permitan descubrir un libro y su autor, elegido por cada uno de los participantes. Yo me he inclinado por un libro que causó en mí una honda impresión por su calidad literaria y por ser uno de los últimos, tal vez el último, que mi hijo Sergio leyó en vida. Os animo a que lo descubrais y, si no lo habeis hecho, a que disfruteis con su lectura.

No, no fue un verano cualquiera. Junio de 1940 debió de haber sido, aquí en Paris, como siempre, un mes amable, apacible. La climatología lo permitía, no había cambiado. Sin embargo, una tempestad de metralla y fuego vino a sacudir, con inusitada violencia, la tranquila existencia de toda una sociedad. Los perros de la guerra desgarraron a dentelladas nuestra convivencia. Hicieron saltar por los aires la normalidad. Sus ladridos, propiciaron que aflorara a la superficie lo mejor y lo peor de la condición humana, elementos siempre latentes, pero adormecidos por la normal convivencia que la paz propicia.

El desmembramiento de la sociedad francesa era tanto más patente cuanto más extensiva se hacía la ocupación por parte de los invasores.

Me ví en la necesidad vital de escribir y dejar constancia de ese desmoronamiento, de esa desbandada general de familias enteras, buscando las fronteras a pie, en bicicleta, en vehículos a motor y las historias que en ese camino hacia la incertidumbre se sucedían diariamente. Historias conmovedoras, de colabaración con los invasores, oportunistas, de abandono de ancianos, de cambalaches y acciones desalmadas para conseguir alimentos, gasolina, agua, favores, elementos necesarios para el fin ultimo de todos los que huían, sobrevivir al horror de la guerra. Historias todas ellas que, en su conjunto, pretendí que reflejaran un doloroso momento de la historia de Francia, país que me acogió cuando sólo tenía 16 años.

Mi condición de judía no me permitió concluir nada más que dos partes de las cinco que tenía previstas. Apresada primero y deportada después, el tifus acabó con mi vida en el campo de concentración de Auschwitz el 17 de Agosto de 1942.

Estas dos partes no pudieron ver la luz hasta el año 2004, casi cincuenta años después de que fueran escritas.

Quien soy y cual es el título de esta obra, te corresponde averiguarlo a tí, mi querido lector.

Más citas a ciegas con un libro las podeis encontrar en el rinconcito de nuestra compañera y amiga Ceci









14 de septiembre de 2017

Este jueves un relato: "LA MANO QUE DA LA MONEDA"


Hace mucho tiempo que llegué a la conclusión de que pobreza e invisibilidad van cogidas de la mano. Es difícil, muy difícil, sustraerse a la comodidad, al adormecimiento de conciencia que supone ignorar la marginalidad, como si ésta no existiera, como si nunca hubiera entrado en nuestro más que reducido ángulo de visión.

En cierta ocasión, ante un mendigo que extendía su mano implorando limosna y a cuyo lado pasó Toñi sin mirarlo, nuestro hijo Alejandro que entonces vivía sus diez añitos, le dijo airado:


- Si no quieres darle limosna, no se la des, pero al menos míralo.


Desde su corta edad, le estaba dando toda una lección de vida. No podemos ignorar la pobreza porque está ahí, a nuestro lado, rodeándonos, cada vez más profunda, cada vez más injusta, cada vez más extendida. No va a desaparecer porque volvamos la vista hacia otro lado.

La grieta entre pobres y ricos se ha hecho abismal. Cada vez hay más pobres en número y en inmensidad de la pobreza, cada vez hay más ricos también en número y en inmensidad de su riqueza, nutriéndose ambos de una clase media que, sencillamente, está desapareciendo a pasos agigantados merced a las políticas profundamente crueles e injustas de nuestros gobernantes.

Pobreza que además de profunda, acaba siendo emocionalmente transversal, ya no es sólo pobreza de bienes materiales, no. Perdida la autoestima, la miseria nos sumerge en el miedo al futuro, hace aparecer los conflictos familiares, trae consigo un sentimiento de fracaso, y nos aporta el caldo de cultivo donde pueden florecer desviaciones como la delincuencia o las perniciosas adicciones.

Años más tarde del episodio del mendigo, observó Toñi que la cara de Alejandro reflejaba tristeza y abatimiento. Después de un cariñoso tercer grado, ese al que sólo las madres son capaces de someter a sus hijos en busca de las raices de algún problema, este le confesó que se avergonzaba y le atormentaba su actitud porque ahora era él el que a veces ignoraba a la legión de pedigüeños con los que se cruzaba cada vez que paseaba por el centro de la ciudad. Grandeza de espíritu esa lucha interna, que mereció un entrañable abrazo de su madre, orgullosa de nuestro hijo.

¿En qué momento y porqué se nos hace invisible la necesidad ajena?. ¿Qué nos lleva a adormecer nuestra conciencia?. ¿Porqué acabamos siendo, como mucho, la mano que alarga la moneda en un acto que tiene mucho de autocomplacencia y poco, muy poco, de empatía y solidaridad?. ¿Acaso no es más pobre el que desvía su mirada que el que pide para subsistir?.

INDIGENTE

En un carro de compra
conseguido al descuido
de algún supermercado,
lleva sus pertenencias:

Cuatro grandes cartones,
(tabiques, cama y manta
para las noches frías)
y unos pocos harapos.
 
Con el triste semblante
de quien espera poco,
aunque agradece todo,
mendiga suplicante.
 
Incómodados con la pobreza ajena,
simplemente lo ignoran
y pasan a su lado como si no lo vieran,
porque siendo invisible, ni siquiera da pena.
 
Su sustento…. indigente.
un cigarrillo o dos,
un poco de alimento
y un mucho de aguardiente.
 
Y al abrigo del frío, en un cajero,
sueña tiempos ausentes,
acurrucando su mísero presente
tan cerca de la riqueza y el dinero.

Más historias sobre personas que alargan la mano para dar la moneda, en casa de nuestro amigo Gustavo