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31 de marzo de 2010

La Saeta (Venablo enamorado)



Imagen obtenida de Internet

En estos días de Semana Santa, toda Andalucía se apresta a vivir con intensidad los desfiles procesionales de sus imágenes religiosas. Cuando gran parte del Orbe católico se prepara para interiorizar su fé, para profundizar en ella en esta semana de pasión, Andalucía, como no podría ser de otra manera, exterioriza su devoción, la saca a la calle, viste de gala sus imágenes, y las pasea por todas las ciudades en estación de penitencia.

Pero no es mi intención ensalzar las excelencias de la Semana Santa tal como se vive en Andalucía. No es mi intención hablar de la belleza de sus incomparables tallas, de sus tronos, de sus cofradías, del innumerable acompañamiento de nazarenos, de la pléyade de penitentes que acompaña el caminar pausado de los costaleros.

Quisiera hablaros de la saeta, como una de las más genuinas manifestaciones de nuestra Semana Santa.
Cuando uno escucha por vez primera el canto desgarrado de una saeta, se encandila inevitablemente de su fuerza, su pasión, el misterio que entraña, y queda seducido, enamorado, de esa sublime forma de oración.

Son inciertos los orígenes de la saeta. Parece ser que los antecedentes más antiguos se remontan al último cuarto del siglo XVII. Se trataba de unas coplas lentas y parsimoniosas conocidas como “penetrantes”, y serían cantadas por religiosos fundamentalmente franciscanos y capuchinos y tenían como objeto “golpear” la conciencia de los pecadores.

Esta saeta primitiva, esta saeta “penetrante”, con el transcurso del tiempo pasa al pueblo que adquiere ese recurso religioso y lo hace suyo como forma de exaltación popular a las imágenes de Jesús o de María. Aunque hasta hace poco tiempo se ha creido que esta incorporación al acerbo popular se realiza en la segunda mitad del siglo XIX, documentos recientes situan manifestaciones cantadas por el pueblo llano con la denominación de saetas en las postrimerías del siglo XVIII. De forma que podemos datar en estas fechas el nacimiento de la saeta popular.

Con posterioridad, corriendo ya el siglo XX, su incorporación al mundo del flamenco, se efectúa de la mano (mejor de la voz), de cantaores como Manuel Centeno Enrique el Mellizo, Antonio Chacón, Manuel Torre, La Niña de los Peines, Manuel Vallejo como exponentes más destacados de ese aflamencamiento de la saeta, llegando así hasta nuestros días.

Algunas formas de saetas poco comunes son la saeta vieja o primitiva de puente Genil, la saeta cuartelera, derivada de esta, saeta samaritana de Castro del Rio y, como formas más comunes nos encontramos con la saeta por seguirillas y la saeta por martinetes.
         
No quiero terminar esta entrada sobre la saeta sin tener un emocionado recuerdo para alguien que cantaba las saetas como nadie. Se trata de Quico, el padre de Toñi, mi suegro. Enorme cantaor que no figurará en los anales del flamenco, pero que cantaba como los propios ángeles y que fue cabal y flamenco hasta el fín de sus días.

Como anécdota, los trajes de comunión de mis cuatro hijos, fueron regalo del abuelo Quico, fruto de otros tantos premios precisamente, en concursos de saetas.

Quiero mencionar también a Juana, Mª José y Rafa, tres amigos nuestros, buenos cantaores de saetas, que año tras año, utilizan este cante de muy difícil interpretación, para honrar a Jesús y a la Virgen al paso de sus imágenes en la noche de la Semana Santa cordobesa.

Este poemilla, quiere ser un reflejo, una aproximación a ese momento en que una voz  rompe el silencio y surca el aire en vibrante oración.

VENABLO ENAMORADO

¡Da la orden, capataz!
Para el paso, costalero,
que Cristo quiere escuchar
la oración del saetero.
                          
El gentío se ha callado,
las trompetas enmudecen,
el sentido, enajenado
y el alma que se estremece.

El cante, surcando el aire,
es venablo enamorado,
que quiere tapar la sangre
que mana de su costado.

Saeta por seguirillas,
no hay oración más hermosa,
para secar las mejillas
de una Madre Dolorosa.

¡Da la orden, capataz!
Levántalo, costalero.
Que ya termina, llorando,
Su oración…el saetero.
                   
Pepe.
                 



5 comentarios:

  1. Desde chica he oído de familiares y amigos que viajaban a Sevilla en esta época para disfrutar de estas celebraciones. Mientras leí tu cuidado artículo oída de fondo a Serrat cantando La Saeta, que para mi es lo más próximo a ese sentido cantar que conozco. Ya llegará el tiempo de pasear por esas calles en fiestas o no, y acompañarme de una saeta en vivo y en directo. Un abrazo y gracias por llevarme hasta allí.

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  2. Yo no soy creyente..pero hay ciertas cosas
    que movidas por la fe de otras personas
    me llegan mucho al alma..y no dejo de emocionarme..cuando oigo una saeta
    Eso de que va la procesion..se para delante de una casa..y alguien canta de esa manera
    es maravilloso..Ves la voz de Diana..y la forma en canta la copla??Pues igual que lo hacia mi mama..que las vecinas creian
    que era la radio o la television..cuando la oian por los patios..asi que cada vez que escucho a Diana..oigo a mi mama..Un beso muy grande Pepe!!

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  3. Tuve la gran suerte de ir a un concierto de Diana Navarro, lo terminó con una saeta, aquello fue una maravilla. Todos los jueves santos veo salir la Macarena, este año, también la vi entrar a eso de las seis y media de la tarde, le cantaron dos saetas desde un balcón cercano, y aquello fue precioso. Por cierto el domingo de Ramos vi una procesión desde Córdoba, no recuerdo el nombre de la imagen, pero me gustó mucho, es un Cristo con una túnica roja, que la lleva caída, con los hombros al aire, es una escultura muy bella. Abrazos dobles.

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  4. Hola Pepe, creo que no es tan importante estar en los anales de algo, lo más importante es estar en el corazón de tus amigos, familiares, de la gente que te rodea y conociendo a Toñi y a tí, seguro que "Quico" está encantado y orgulloso.
    Recibe dos muy grandes para dos grandes.
    Carlos.

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  5. Diana Navarro lo más de lo más

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