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24 de marzo de 2013


La Saeta (Venablo enamorado) RE-EDICION

Imagen obtenida de Internet

En estos días de Semana Santa, toda Andalucía se apresta a vivir con intensidad los desfiles procesionales de sus imágenes religiosas. Cuando gran parte del Orbe católico se prepara para interiorizar su fé, para profundizar en ella en esta semana de pasión, Andalucía, como no podría ser de otra manera, exterioriza su devoción, la saca a la calle, viste de gala sus imágenes, y las pasea por todas las ciudades en estación de penitencia.

La fé, que ha sido inquebrantable compañera durante gran parte de mi existencia, hace años que se alejó de mí. Paso por una fase que ya dura muchos años, de profundo descreimiento y escepticismo. No creo que vuelva a mí y hoy por hoy, tampoco lo deseo. Por tanto, no veais en mi entrada sino el intento de acercamiento a una realidad que en estos días es vivida con intensidad por toda Andalucía.

Pero no es mi intención ensalzar las excelencias de la Semana Santa tal como se vive en Andalucía. No es mi intención hablar de la belleza de sus incomparables tallas, de sus tronos, de sus cofradías, del innumerable acompañamiento de nazarenos, de la pléyade de penitentes que acompaña el caminar pausado de los costaleros.

Quisiera hablaros de la saeta, como una de las más genuinas manifestaciones de nuestra Semana Santa.
Cuando uno escucha por vez primera el canto desgarrado de una saeta, se encandila inevitablemente de su fuerza, su pasión, el misterio que entraña, y queda seducido, enamorado, de esa sublime forma de oración.

Son inciertos los orígenes de la saeta. Parece ser que los antecedentes más antiguos se remontan al último cuarto del siglo XVII. Se trataba de unas coplas lentas y parsimoniosas conocidas como “penetrantes”, y serían cantadas por religiosos fundamentalmente franciscanos y capuchinos y tenían como objeto “golpear” la conciencia de los pecadores.

Esta saeta primitiva, esta saeta “penetrante”, con el transcurso del tiempo pasa al pueblo que adquiere ese recurso religioso y lo hace suyo como forma de exaltación popular a las imágenes de Jesús o de María. Aunque hasta hace poco tiempo se ha creido que esta incorporación al acerbo popular se realiza en la segunda mitad del siglo XIX, documentos recientes situan manifestaciones cantadas por el pueblo llano con la denominación de saetas en las postrimerías del siglo XVIII. De forma que podemos datar en estas fechas el nacimiento de la saeta popular.

Con posterioridad, corriendo ya el siglo XX, su incorporación al mundo del flamenco, se efectúa de la mano (mejor de la voz), de cantaores como Manuel Centeno Enrique el Mellizo, Antonio Chacón, Manuel Torre, La Niña de los Peines, Manuel Vallejo como exponentes más destacados de ese aflamencamiento de la saeta, llegando así hasta nuestros días.

Algunas formas de saetas poco comunes son la saeta vieja o primitiva de puente Genil, la saeta cuartelera, derivada de esta, saeta samaritana de Castro del Rio y, como formas más comunes nos encontramos con la saeta por seguirillas y la saeta por martinetes.
         
No quiero terminar esta entrada sobre la saeta sin tener un emocionado recuerdo para alguien que cantaba las saetas como nadie. Se trata de Quico, el padre de Toñi, mi suegro. Enorme cantaor que no figurará en los anales del flamenco, pero que cantaba como los propios ángeles y que fue cabal y flamenco hasta el fín de sus días.

Como anécdota, los trajes de comunión de mis cuatro hijos, fueron regalo del abuelo Quico, fruto de otros tantos premios precisamente, en concursos de saetas.

Quiero mencionar también a Juana, Mª José, Rafa Cruz, Rocío, Rafael Carlos,grandes amigos míos, buenos cantaores de saetas, que año tras año, utilizan este cante de muy difícil interpretación, para honrar a Jesús y a la Virgen al paso de sus imágenes en la noche de la Semana Santa cordobesa.

Este poemilla, quiere ser un reflejo, una aproximación a ese momento en que una voz  rompe el silencio y surca el aire en vibrante oración. 

VENABLO ENAMORADO
¡Da la orden, capataz!
Para el paso, costalero,
que Cristo quiere escuchar
la oración del saetero.
                          
El gentío se ha callado,
las trompetas enmudecen,
el sentido, enajenado
y el alma que se estremece.

El cante, surcando el aire,
es venablo enamorado,
que quiere tapar la sangre
que mana de su costado.

Saeta por seguirillas,
no hay oración más hermosa,
para secar las mejillas
de una Madre Dolorosa.

¡Da la orden, capataz!
Levántalo, costalero.
Que ya termina, llorando,
Su oración…el saetero.
                   
Pepe.
                 
Os dejo como botón de muestra, una saeta de Diana Navarro. Peca de virtuosismo, cantada con micrófono y, por tanto, no espontánea, pero posee una hermosísima voz.  
     

4 comentarios:

  1. Estas canciones tienen razón de ser tradicional, puedes verlas ajenas a la connotación religiosa o apreciar su valor musical sin más. He escuchado algunas en directo y siempre me han dejado el cuerpo con un no sé qué, pero me pasa lo mismo con un aria de ópera bien cantada. La música es algo ancestral, no hay que cuestionársela, digo yo...

    Un beso a los dos de los cuatro.

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  2. A mi, como a ti me ha surgido ese desapego... pero reconozco que la estética de la Semana Santa, el sentimiento que se recrea por parte de muchos a veces te llega a embargar profundamente y emocionar, esa levantá por un hermano que no está o esa saeta desgarrada y sentida que hace silencio de respeto en el tumulto. Bonito canto al sentimiento el que haces con tus letras...

    Besos a repartir ;)

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  3. No obstante es una entrada preciosa.

    Un abrazo

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  4. La emoción de la tierra que nos pare. La nuestra tan diversa pero con emociones semejantes. Bss.

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